
Uno de los retos más grandes que deben enfrentar las empresas jóvenes es lograr sobrellevar lo que yo llamo el síndrome de los “muchachos”. ¿De que se trata esto? Es muy simple, se trata de la tendencia de tratar a las empresas de gente joven como no mas que fuentes de trabajo barato y sin valor, convenciéndolas de hacer trabajos a prácticamente cero margen o inclusive a perdida porque se trata de una “inversión a futuro” que en la gran mayoria de casos nunca rinde frutos. Este es un estigma peligroso porque se trata prácticamente de una forma de sub-empleo que previene la consolidación de las empresas jóvenes como agentes de movilidad social y bienestar. Para cuando el empresario se da cuenta que lo único que ha logrado es desperdiciar su tiempo valioso y que hacer dichos trabajos no le aportan nada a su empresa entonces es demasiado tarde, ya se ha creado una percepción de empresa de poca monta sobre dicha compañía joven que la lleva al fracaso.
Como empresario joven he tenido que lidiar con esta realidad social, que tristemente parecer ser una costumbre profundamente enraizada en la cultura colombiana. Definitivamente no es algo fácil de enfrentar, solo decirse a uno mismo que “no regalaré mi trabajo” y actuar de forma digna rechazando el trabajo no parece ser la solución realmente porque la presión de las cuentas por pagar siempre será un elemento poderoso, debilidad que los clientes saben explotar muy bien. El empresario experimentado saben que si el empresario joven no cede, tarde o temprano aparecerá otro que si lo haga, razón por la que nunca recibirá una compensación justa por su trabajo ya que se ha creado un circulo vicioso.
“Para que pagar mucho por las cosas si se la puedo mandar a hacer a los muchachos”
En Grupo JAD hemos realizado grandes esfuerzos por contrarrestar este fenómeno mediante la inversión en nuestra imagen corporativa y la preparación constante del personal para prestar los servicios con metodologías de talla mundial. Debemos proyectar una imagen dos o tres veces más sofisticada y profesional que la de un empresa tradicional de nuestro mismo tamaño como método para vencer el prejuicio, y aunque no ha sido una estrategia perfecta los resultados han sido muy alentadores. Hemos visto como nuestro nombre empieza a consolidarse y lentamente ganamos el good-will de la comunidad, sin embargo el camino ha sido largo y duro y esperamos haber abierto el camino para otras empresas jovenes que no quieren ser consideradas como “empresas de muchachos”.
Como empresario joven he tenido que lidiar con esta realidad social, que tristemente parecer ser una costumbre profundamente enraizada en la cultura colombiana. Definitivamente no es algo fácil de enfrentar, solo decirse a uno mismo que “no regalaré mi trabajo” y actuar de forma digna rechazando el trabajo no parece ser la solución realmente porque la presión de las cuentas por pagar siempre será un elemento poderoso, debilidad que los clientes saben explotar muy bien. El empresario experimentado saben que si el empresario joven no cede, tarde o temprano aparecerá otro que si lo haga, razón por la que nunca recibirá una compensación justa por su trabajo ya que se ha creado un circulo vicioso.
“Para que pagar mucho por las cosas si se la puedo mandar a hacer a los muchachos”
En Grupo JAD hemos realizado grandes esfuerzos por contrarrestar este fenómeno mediante la inversión en nuestra imagen corporativa y la preparación constante del personal para prestar los servicios con metodologías de talla mundial. Debemos proyectar una imagen dos o tres veces más sofisticada y profesional que la de un empresa tradicional de nuestro mismo tamaño como método para vencer el prejuicio, y aunque no ha sido una estrategia perfecta los resultados han sido muy alentadores. Hemos visto como nuestro nombre empieza a consolidarse y lentamente ganamos el good-will de la comunidad, sin embargo el camino ha sido largo y duro y esperamos haber abierto el camino para otras empresas jovenes que no quieren ser consideradas como “empresas de muchachos”.

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